{"id":6460,"date":"2025-08-06T11:00:00","date_gmt":"2025-08-06T14:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/amazonunderworld.org\/?p=6460"},"modified":"2025-08-06T12:01:26","modified_gmt":"2025-08-06T15:01:26","slug":"todo-por-el-oro-migracion-y-violencia-en-la-trifrontera-del-rio-negro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/amazonunderworld.org\/es\/todo-por-el-oro-migracion-y-violencia-en-la-trifrontera-del-rio-negro\/","title":{"rendered":"Todo por el oro: migraci\u00f3n y violencia en la trifrontera del R\u00edo Negro"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"792\" src=\"https:\/\/amazonunderworld.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Mapa_1_v2-100-1024x792.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6765\" srcset=\"https:\/\/amazonunderworld.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Mapa_1_v2-100-1024x792.jpg 1024w, https:\/\/amazonunderworld.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Mapa_1_v2-100-300x232.jpg 300w, https:\/\/amazonunderworld.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Mapa_1_v2-100-768x594.jpg 768w, https:\/\/amazonunderworld.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Mapa_1_v2-100-1536x1187.jpg 1536w, https:\/\/amazonunderworld.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Mapa_1_v2-100-2048x1583.jpg 2048w, https:\/\/amazonunderworld.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Mapa_1_v2-100-1200x928.jpg 1200w, https:\/\/amazonunderworld.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Mapa_1_v2-100-150x116.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Durante la madrugada del 3 de agosto en el ca\u00f1o Pimich\u00edn, un afluente del r\u00edo Negro ubicado junto al municipio de Maroa, en la amazon\u00eda venezolana, combatientes del Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n Nacional (ELN) atacaron a integrantes del Frente Acacio Medina de la Segunda Marquetalia (SM), una disidencia de las antiguas Farc, en una maniobra para aniquilar el liderazgo del grupo. Hubo muertos y heridos, inclusa de varios mandos, pero hasta la publicaci\u00f3n de esta cr\u00f3nica su n\u00famero no se ha podido confirmar.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Los dos grupos se repart\u00edan el control territorial de la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela, pero la b\u00fasqueda del dominio total rompi\u00f3 esa alianza, un matrimonio de conveniencia basado en acuerdos para dividir las minas, compartir las rutas de narcotr\u00e1fico y repartir las ganancias. Ahora, cuentan los l\u00edderes ind\u00edgenas locales, varios mineros y fuentes de las fuerzas de seguridad, el acceso y el tr\u00e1nsito por esta zona est\u00e1 controlado y prohibido por el ELN como la nueva autoridad \u00fanica. Los civiles han sido arrastrados a un miedo mayor y podr\u00edan desplazarse en masa hacia In\u00edrida, la capital del departamento de Guain\u00eda. Las fuentes reportaron ayer movilizaciones de tropas en territorios ind\u00edgenas, lo que podr\u00eda marcar el inicio de una nueva ola de violencia en la regi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p><br>Esta noticia y la incertidumbre frente a sus consecuencias viajaron r\u00e1pido hacia las poblaciones aleda\u00f1as, r\u00edo arriba y abajo, entre comunidades cuyo destino est\u00e1 ligado al vaiv\u00e9n caprichoso de la violencia armada.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">MUERTE EN BUSCA DEL FULGOR<\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Hace algunas semanas, seis lanchas de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), decenas de soldados y varios drones vigilaban el r\u00edo Cunucunuma, ubicado en la Amazon\u00eda venezolana, sobre un cauce donde abundan piedras que los ind\u00edgenas yekuanas consideran sagradas. Hablamos del granito y de otras formaciones; pero no del oro, un metal blando que carece de utilidad en su cultura. Fuera del universo yekuana, entre los mineros mestizos, ese desinter\u00e9s muta en un af\u00e1n que sortea la persecuci\u00f3n, la extorsi\u00f3n y la muerte en busca del codiciado fulgor amarillo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<iframe loading=\"lazy\" title=\"AU SHORT DOC - Donde el oro vale m\u00e1s que la vida\" width=\"500\" height=\"281\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/SAYmwYebff0?feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share\" referrerpolicy=\"strict-origin-when-cross-origin\" allowfullscreen><\/iframe>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Dairo Pertuz*, 41 a\u00f1os y 13 en la miner\u00eda, llevaba diez d\u00edas escondido entre los m\u00e1rgenes del Cunucunuma, donde prend\u00eda su tel\u00e9fono solo unos minutos para evadir a los drones; mientras su balsa, una estructura de 200 millones de pesos colombianos (casi USD 50 mil) que horada el lecho del r\u00edo, permanec\u00eda enterrada en pedazos. \u201cDicen que este operativo va a durar 40 d\u00edas. Toca esperar pa\u2019 poder trabajar\u201d, contaba.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>La Guardia vuelve cada tanto a ese lugar, pero los mineros est\u00e1n habituados. \u201cDesarmamos las balsas, escondemos las piezas y nos movemos entre las bocas del r\u00edo. Cambiamos de lugar todos los d\u00edas mientras esa gente se va\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Dairo vive en In\u00edrida, la peque\u00f1a capital del departamento de Guain\u00eda, en el extremo suroriental de Colombia, pero pasa meses en Cunucunuma buscando la veta dorada. Desde su casa viaja tres d\u00edas en lancha, y en el camino atraviesa varios peajes que los ind\u00edgenas imponen a quienes explotan la selva. Hasta la semana pasada, antes del conflicto, cuando llegaba a la mina en el r\u00edo, ten\u00eda que pagar 25 gramos de oro mensuales para el Frente Jos\u00e9 P\u00e9rez Carrero del Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n Nacional (ELN) y para el Frente Acacio Medina de la Segunda Marquetalia (SM), un grupo liderado por Iv\u00e1n M\u00e1rquez, jefe negociador por las antiguas FARC en el Acuerdo de Paz de 2016, que tiempo despu\u00e9s desert\u00f3 del acuerdo. Los dos grupos ahora se disputan el control, pero dif\u00edcilmente eso genere alguna ventaja para Dairo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Dairo tambi\u00e9n debe comprar agua, comida y mucho combustible para el motor de la draga. Despu\u00e9s el beneficio se reparte: 40 por ciento para los buzos y 60 para el due\u00f1o de la balsa, que debe invertir en aver\u00edas y repuestos. Los mineros gastan fortunas en su operaci\u00f3n, pero consiguen un buen retorno, a una tasa de 400 mil pesos colombianos por gramo (unos USD 100). \u201cM\u00ednimo sacamos 20 o 30 gramos de oro en un d\u00eda, y ya eso es rentable. A veces salen 200, 400. Una vez sacamos 930 gramos en diez horas de trabajo\u201d, cont\u00f3 Dairo. Es una vida azarosa, pero en tierra firme no abundan las opciones. Seg\u00fan el Departamento Administrativo Nacional de Estad\u00edstica de Colombia (Dane), en Guain\u00eda padecen un desempleo del 13,6% y la mitad de los j\u00f3venes no estudia ni trabaja.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Dairo escap\u00f3 de ese panorama y se fue a buscar oro en el r\u00edo In\u00edrida, en el Atabapo y en muchos meandros donde la veta a veces pinta y a veces no. Ahora en su balsa emplea hasta 12 personas, pero hace unos a\u00f1os tuvo que empezar de nuevo cuando la Armada colombiana le incendi\u00f3 otra. \u201cEllos nos queman cinco, pero a los pocos d\u00edas salen diez\u201d, dijo confiado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Varias minas ya vivieron su auge, y seguro vendr\u00e1n otras despu\u00e9s. Pero hoy Cunucunuma concita el mayor inter\u00e9s en el Alto Orinoco: hasta 200 balsas en producci\u00f3n permanente, calcul\u00f3 Dairo. Cunucunuma yace en Venezuela, pero su influencia viaja hasta Colombia y Brasil, donde irriga las econom\u00edas de muchas comunidades por una arteria com\u00fan: el extenso y sinuoso r\u00edo Negro.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">UN CASER\u00cdO FANTASMA<\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En San Carlos de R\u00edo Negro, la segunda poblaci\u00f3n del Amazonas venezolano, hubo un aeropuerto con vuelos diarios; un hospital que atend\u00eda a locales y vecinos; dos escuelas para estudiantes de aqu\u00ed y de los asentamientos ind\u00edgenas cercanos; siete tanques que suministraban gasolina barata a los tres pa\u00edses; una casa de la cultura donde se reun\u00eda la multitud en las fiestas patronales; una antena que daba telefon\u00eda hasta el lado colombiano; una peque\u00f1a flota mercante con grandes bongos de hierro; y varios expendios donde vend\u00edan los v\u00edveres que llegaban desde la capital, Puerto Ayacucho, por la v\u00eda fluvial.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>San Carlos fue el mayor centro poblado de toda esta zona. Tres mil personas viv\u00edan aqu\u00ed en los buenos tiempos, pero la ruina de Venezuela dej\u00f3 a solo 800 y convirti\u00f3 esto en un caser\u00edo fantasma. \u201cMuchos j\u00f3venes se fueron a las minas, y el resto cogi\u00f3 pa\u2019 Brasil\u201d, cont\u00f3 Daniel Abreu en las ruinas de su negocio. Donde antes hubo un almac\u00e9n bien surtido, hoy se degradan un horno industrial y una amasadora en desuso, junto a dos vitrinas que exhiben galletas con marcas en portugu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXfd1xFPPKVhRLBHF7KgfXDJ1qLCoTfIerX3S4RlWpiNLy4liPdeB5POKQcLgINYbeJMYUi-yOY7zfUYvWUVgriO3uhQaGRxvIg0D_v7yYtu1XSGMvfATb7VujlPQP0FKR6CMefmaw?key=5nCJPqrDkkt54M3md0v1CA\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Antigua estaci\u00f3n de servicio de San Carlos, de donde tambi\u00e9n se surt\u00eda gente de Colombia y Brasil. Hoy est\u00e1 abandonada y sus siete tanques est\u00e1n oxidados. Foto: Sinar Alvarado.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Ese d\u00eda no hab\u00eda casi nadie en San Carlos: dos se\u00f1oras vend\u00edan loter\u00edas de animalitos, un juego de azar informal y populachero; una chica se proteg\u00eda del sol con su sombrilla; dos hombres en moto vend\u00edan un cerdo despiezado; otros cinco esperaban frente a la casa del alcalde en busca de ayudas; y dos militares de la Guardia Nacional, que al pasar provocaron el silencio precavido de Daniel. Cuando se alejaron, el comerciante, un ind\u00edgena bar\u00e9 mestizo, retom\u00f3 la charla y dijo que la infraestructura del pueblo se hab\u00eda hecho en democracia, antes de que Venezuela escorara.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Pese a todo, su local sigue bien ubicado frente a la Plaza Bol\u00edvar, un parche verde con grandes \u00e1rboles en el centro de San Carlos. En diagonal est\u00e1 el muelle, adonde muchas veces lleg\u00f3 Daniel con su bongo cargado de comida y licores que tra\u00eda en siete d\u00edas de viaje por el r\u00edo. \u201cHab\u00eda que pagarle 4% al ELN, pero quedaba plata\u201d, dijo. Aquella ma\u00f1ana solo navegaban los pequepeques: unas canoas con motores m\u00ednimos que cruzan pasajeros hacia el pueblo de San Felipe, en Colombia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Hoy la energ\u00eda en San Carlos llega intermitente, y la gasolina dej\u00f3 de fluir desde Puerto Ayacucho el a\u00f1o pasado. Ahora esta comunidad la importa costosa desde Brasil en barcos de 20 mil litros. Daniel ten\u00eda uno similar, pero hoy yace oxidado entre la maleza junto al patio de su casa. Se subi\u00f3 a la proa como si todav\u00eda navegara.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u201cDe la gente que conoc\u00ed cuando llegu\u00e9 hace 25 a\u00f1os, solo quedan mis vecinos. Los dem\u00e1s murieron o se fueron. Hasta los perros se acabaron: no hab\u00eda comida pa\u2019 uno, menos pa\u2019 ellos\u201d.<\/p>\n<cite>Daniel Abreu, 61 a\u00f1os, comerciante.<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Pero Daniel nunca pens\u00f3 en irse. \u201cQue se vaya el que est\u00e9 joven\u201d, dijo. Y unos cuantos lo est\u00e1n haciendo. \u201cSe van a las minas que hay por estos lados: Siapa, Moya, Cunucunuma, Camello, Carioca. Ahorita varios est\u00e1n esperando que pase un operativo de la Guardia pa\u2019 irse\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la riqueza del oro fluye en suelo venezolano, sus ganancias no se ven en poblaciones como San Carlos porque las familias beneficiadas cruzaron la frontera hace rato. Incluso la guerrilla se fue: aqu\u00ed el ELN usaba a los j\u00f3venes como informantes y como bestias de carga. Ya no. Entre los pocos rezagados quedan varios que tambi\u00e9n quieren irse, pero no tienen los medios. A algunos, como \u00fanica salida, les ha quedado s\u00f3lo la muerte: durante los \u00faltimos a\u00f1os ha habido varios suicidios aqu\u00ed. En el patio de su casa, un poco desanimado despu\u00e9s del recorrido, Abreu aventur\u00f3 una tesis: \u201cPa\u2019 evadir la realidad, pa\u2019 no sufrir lo que est\u00e1 pasando, se matan\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">UNA BANDERA DE LA AMAZON\u00cdA<\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXfg5oGAcYPuj1X6FPtEk1TsKopunt7eygYUfM_q05g2095MMgkPKoSe3BaIwDt30L6q4W5KXjKe0RPkrVBTjNIFdAX2eCAHFeWtewSn3tge3Zn1Q9unAdx8bSYfKl8IRi-rMS5UYA?key=5nCJPqrDkkt54M3md0v1CA\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Vista del R\u00edo Negro entre San Felipe y Puerto Colombia. Foto: Sinar Alvarado.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Navegar durante horas y d\u00edas por estas aguas exige conciliar el esplendor y la monoton\u00eda del r\u00edo, la vegetaci\u00f3n y el cielo abierto en las dos orillas: tres franjas horizontales que transcurren paralelas por centenares de kil\u00f3metros. Esta podr\u00eda ser una bandera de la Amazon\u00eda: abajo la banda oscura de la superficie, que sostiene la embarcaci\u00f3n y permite el viaje; m\u00e1s arriba la franja verde de los \u00e1rboles tupidos; y en lo alto la faja azul, iluminada por el sol como una gran l\u00e1mpara incombustible. Mientras naveg\u00e1bamos en un pesado bongo de hierro, sobre la margen venezolana surg\u00edan comunidades ind\u00edgenas que fueron abandonadas en los a\u00f1os recientes.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>A 130 kil\u00f3metros de San Carlos y San Felipe, en Puerto Colombia, hace algunas semanas nos reunimos puertas adentro para evitar a hombres armados de las disidencias de las FARC, que a las siete de la noche deambulaban a sus anchas por el caser\u00edo. En el patio de una vivienda, varios ind\u00edgenas curripacos compart\u00edan una sopa de pescado con aj\u00ed y casabe mientras charlaban en su lengua a un ritmo veloz; hasta que cambiaron al castellano para exponer sus urgencias. Primero habl\u00f3 Gilberto El\u00edas*, due\u00f1o de una tienda: \u201cAqu\u00ed no hay seguridad. Los grupos armados pretenden vivir en el pueblo. Ellos antes hac\u00edan sus cosas en el monte; ahora patrullan aqu\u00ed con fusiles y nos ponen en riesgo. Ma\u00f1ana vienen otros y nos acusan de colaboradores\u201d, dijo con los labios apretados.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En este punto medio viven 70 personas en casas de tablas, sobre un borde alto del r\u00edo, ubicado a 186 kil\u00f3metros de In\u00edrida en lancha. Este sol\u00eda ser un pasadizo \u00fatil para los viajeros y los comerciantes que transportan mercanc\u00edas: 30 kil\u00f3metros por un atajo rudo en territorio venezolano acortaban el viaje hasta Maroa, un pueblo ubicado frente a Puerto Colombia, al otro lado del r\u00edo. Pero la Guardia Nacional, dicen los pobladores en ambas orillas bajo estricto anonimato, empez\u00f3 a extorsionar y a detener viajeros, y el tr\u00e1nsito par\u00f3. Ahora la \u00fanica opci\u00f3n es viajar tres d\u00edas o m\u00e1s, siempre en suelo colombiano, por una zona llamada Huesitos, donde la carga vadea arroyos y barriales en tractores para comunicar el r\u00edo In\u00edrida con el Negro.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Callada durante la reuni\u00f3n, Mariela*, otra comerciante ind\u00edgena, por fin habl\u00f3: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 tengo que compartir con esa gente el fruto de mi trabajo?\u201d. El Acacio Medina les cobraba una vacuna a quienes producen dinero en Puerto Colombia y lo mismo hac\u00edan los hombres del ELN, acampados en una finca vecina. Ambos grupos han llegado a convivir durante periodos en la zona. Sin embargo, como confirman los hechos recientes, la din\u00e1mica entre bandos es cambiante y vol\u00e1til, y puede conducir a conflictos violentos. En el medio siempre queda atrapada la poblaci\u00f3n civil. \u201cYo soy de aqu\u00ed y aqu\u00ed quiero vivir. Si no, ya me hubiera ido\u201d, dijo Mariela resignada.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Desde 2023 la Defensor\u00eda del Pueblo de Colombia <a href=\"https:\/\/www.defensoria.gov.co\/-\/extracci%C3%B3n-ilegal-de-oro-y-colt%C3%A1n-financia-a-grupos-armados-organizados-que-est%C3%A1n-afectando-derechos-de-comunidades-en-guain%C3%ADa-1\">advirti\u00f3 el riesgo<\/a> que corren los ind\u00edgenas en esta regi\u00f3n por la amenaza de los grupos armados que se alimentan del oro. \u201cEsa explotaci\u00f3n ilegal y violenta ha incrementado su capacidad financiera, y les posibilita robustecer sus estructuras e imponer el control territorial. Bajo este contexto la poblaci\u00f3n civil est\u00e1 expuesta a graves vulneraciones de sus derechos\u201d, dijo el defensor de entonces, Carlos Camargo. El lecho del r\u00edo Negro ya no se explota, pero su cauce sirve para transportar el oro extra\u00eddo hacia distintos destinos en Colombia, Venezuela y Brasil.<\/p>\n\n\n\n<p>Las ondas de la miner\u00eda viajan as\u00ed desde los yacimientos hacia las comunidades. Aunque Puerto Colombia no mostraba una actividad comercial importante, los v\u00edveres y el combustible s\u00f3lo se venden por la demanda de oro. \u201cEl pueblo ind\u00edgena no es minero. Lo que pasa es que los extranjeros contratan a nuestros j\u00f3venes, y ellos se van para las minas\u201d, dijo desde un extremo de la mesa Edson Meregildo, un joven que representa a 14 comunidades y casi 1800 ind\u00edgenas de Guain\u00eda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\">Varios de sus paisanos se fueron hace meses o a\u00f1os a Cunucunuma,<\/h3>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading has-text-align-center has-warning-pure-color has-text-color has-link-color wp-elements-4f5c7f10c53dbf408e3fe23847ca9e52\">algunos volvieron r\u00edgidos en congeladores conectados a plantas de energ\u00eda, en voladoras que cruzan los r\u00edos hasta la comunidad de origen, donde las familias reciben sus cad\u00e1veres derrotados. <\/h3>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\">De all\u00ed mismo, sin demora, siempre sale alguien m\u00e1s como reemplazo.<\/h3>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Aquella noche la conversaci\u00f3n se extendi\u00f3 hasta tarde, y Edson, por seguridad, recomend\u00f3 dormir en una hamaca bajo ese mismo techo. Por la ma\u00f1ana, decenas de ni\u00f1os ind\u00edgenas que estudian y viven en el internado de Puerto Colombia saltaron al r\u00edo para ba\u00f1arse y jugar un rato antes de las clases. Despu\u00e9s se acercaron a la cocina de la escuela y recibieron all\u00ed una raci\u00f3n de galletas y caf\u00e9 con leche.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los chicos se divert\u00edan sin angustias, pero en el pueblo flotaba una atm\u00f3sfera inquietante: los vecinos cruzaban miradas de sospecha o cautela; casi nadie hablaba. De pronto, una lancha r\u00e1pida apareci\u00f3 con un sujeto de pie sobre el casco, vestido de civil, con gorra y gafas oscuras. El hombre baj\u00f3 de un salto y abord\u00f3 otra lancha amarrada en la orilla. Cuando se inclin\u00f3 para encender el motor, en su cinto asom\u00f3 una pistola. \u201cEse era el comandante de la guerrilla, el que manda en la zona\u201d, dijo un motorista m\u00e1s tarde, cuando nos alej\u00e1bamos r\u00edo abajo a toda velocidad.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">ECONOM\u00cdA DE ORO<\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/lh7-rt.googleusercontent.com\/docsz\/AD_4nXdtuQAyx2PCacWP7f9GHNAr6t4EQ4RKWHbn2MmQjDX0MSA4pzU83kgOeVVAQVVDXPUYRpQOyu-NvUDLsq5GdK6Qdn3huAfqJpvMRlvjf-UaL2M9YWTOl3U7BMgBSpr3xczWtY9l?key=5nCJPqrDkkt54M3md0v1CA\" alt=\"\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Confluencia del R\u00edo Guain\u00eda y el Casiquiare del Orinoco, juntos forman el gran R\u00edo Negro. Foto: Sinar Alvarado.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Desde In\u00edrida, en 45 minutos de vuelo sobre la selva hacia el sur, peque\u00f1as aeronaves transportan pasajeros y carga ligera hasta una pista de tierra en San Felipe, la nueva capital comercial del r\u00edo Negro en su tramo colombo-venezolano. Lo que no vuela hasta aqu\u00ed, llega a trav\u00e9s del cauce oscuro por toneladas: pasajeros, alimentos, bebidas, herramientas, ladrillos, cemento, gasolina y un sinf\u00edn de mercanc\u00edas esenciales que sostienen la vida en las comunidades aleda\u00f1as. El 80 por ciento de esa carga sigue hacia las minas. El resto se consume en este pueblo que apenas supera el millar de habitantes.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Juvenal Herrera*, due\u00f1o de un negocio en la calle principal, lleg\u00f3 hace 20 a\u00f1os y no puede quejarse: compr\u00f3 casas afuera y educ\u00f3 a sus hijos con el dinero que produce en este lugar. \u201cHe tenido d\u00edas de 20 y 30 millones. Esto aqu\u00ed es bueno\u201d, dijo satisfecho en su negocio repleto. \u201cEntre diciembre y enero met\u00ed 120 tambores de gasolina. En febrero ya no hab\u00eda\u201d. Cada tambor \u201460 galones\u2014 cuesta en In\u00edrida 1,2 millones de pesos colombianos (casi USD 300), y se vende al doble en San Felipe. Si el oro aqu\u00ed es el rey, la gasolina es la reina: con ella se encienden las dragas y los motores de las embarcaciones, las plantas de energ\u00eda y los equipos de sonido en los comercios, los ventiladores en los hoteles y las luces que iluminan el pueblo cada noche. Aunque a veces, cuando el combustible se retrasa, los vecinos pasan varios meses apagados.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>San Felipe no vive desprotegido como Puerto Colombia: aqu\u00ed el Ej\u00e9rcito y la Armada tienen puestos permanentes, y los soldados patrullan con sus fusiles al hombro. Pero hay mucho dinero y los grupos ilegales tambi\u00e9n controlan aqu\u00ed su flujo. Varios comerciantes, transportistas, l\u00edderes ind\u00edgenas y hasta la Defensor\u00eda confirman que s\u00ed est\u00e1n presentes, que las tiendas pagan sus extorsiones y los comandantes frecuentan el pueblo vestidos de civil. Pero el miedo promueve la autocensura: en San Felipe no se habla del asunto f\u00e1cil ni espont\u00e1neamente. En las charlas entre vecinos se comparten an\u00e9cdotas de viajes pasados, se debate sobre pol\u00edtica, f\u00fatbol y mujeres. Pero el tema grueso permanece callado. \u201cEso no es conmigo\u201d, es la respuesta que se repite cuando uno pregunta por ese control territorial.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El pueblo consiste en dos calles pavimentadas donde vive una minor\u00eda de pr\u00f3speros comerciantes blancos, algunos de ellos mineros en retiro; rodeados por tres comunidades con piso de tierra donde conviven centenares de ind\u00edgenas yerales, puinaves y curripacos en casas de tablas y techos de palma. El apogeo que disfrutan los primeros lo padecen los \u00faltimos. \u201cAqu\u00ed es caro. Muchos mineros vienen con oro, y todo sube. Esta es una econom\u00eda minera, de puro oro. Pero no todos tenemos\u201d, se quej\u00f3 Carlos Dos Santos, sentado bajo un \u00e1rbol en una ma\u00f1ana calurosa a las afueras del pueblo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Dos Santos, un flaco de 38 a\u00f1os, es la m\u00e1xima autoridad de la comunidad Primero de Agosto, donde 43 familias ind\u00edgenas subsisten precarias. \u201cVivimos del conuco, de la caza y la pesca. Aqu\u00ed siempre hubo pescado, pero con la miner\u00eda ha bajado mucho, por el ruido y la contaminaci\u00f3n. Ahora nos toca comprar pollo y carne, pero es muy caro\u201d, dijo Dos Santos, mientras habla, sus manos se posan cruzadas sobre la mesa como en una plegaria.&nbsp;Aislados en el \u00faltimo rinc\u00f3n de Colombia, los habitantes de San Felipe sienten que los gobiernos se han olvidado de ellos. <\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p>\u201cAqu\u00ed se han muerto varias personas. La \u00faltima fue hace dos meses: una muchacha embarazada muri\u00f3 porque no la pudimos sacar a tiempo. Muri\u00f3 con el hijo adentro\u201d. <\/p>\n<cite>Carlos Dos Santos, autoridad ind\u00edgena.<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El pueblo tiene un puesto de salud, pero el suministro de medicamentos falla con frecuencia, y s\u00f3lo quienes pueden pagan millones para traer en avi\u00f3n sus pastillas. Tambi\u00e9n hay una escuela que recibe a todos los ni\u00f1os de la zona, incluidos los que cruzan desde San Carlos. \u201cA veces la comida dura un mes viajando desde In\u00edrida. Se pierde en el viaje, o llega mojada. Pero nos toca aceptarla as\u00ed, porque no hay m\u00e1s. A veces la comida se retrasa y los profesores tienen que esperar hasta dos meses para empezar clases\u201d, cont\u00f3 Dos Santos, cuyos hijos estudian tambi\u00e9n all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El capit\u00e1n, que poco antes hablaba del oro como un asunto ajeno a su cultura y aseguraba con convicci\u00f3n que los ind\u00edgenas no son mineros, admiti\u00f3 despu\u00e9s que muchos hombres de las comunidades alrededor de San Felipe se han ido a la selva venezolana en busca del sue\u00f1o dorado. \u201cAqu\u00ed es muy escaso el trabajo para los j\u00f3venes; no hay oficios. Muchos se van a las minas y no vuelven. Pero entendemos que aqu\u00ed no encuentran cosas para hacer\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-video alignfull\"><video height=\"1080\" style=\"aspect-ratio: 1920 \/ 1080;\" width=\"1920\" autoplay loop muted src=\"https:\/\/amazonunderworld.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/oro-1.mp4\" playsinline><\/video><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">UNA DESESPERANZA COM\u00daN<\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando quedaron atr\u00e1s los \u00faltimos bordes de Colombia y Venezuela, la lancha naveg\u00f3 frente a la inmensa Piedra del Cocuy, cruz\u00f3 la frontera brasile\u00f1a y el cauce cambi\u00f3: la corriente suave encontr\u00f3 rocas y se eriz\u00f3 entre raudales que recordaban el lomo de un animal hirsuto. Despu\u00e9s de 12 horas de navegaci\u00f3n r\u00edo abajo, frente a S\u00e3o Gabriel da Cachoeira, en el Amazonas brasile\u00f1o, cambi\u00f3 tambi\u00e9n el paisaje: entre la selva surgieron edificios y la inusitada agitaci\u00f3n urbana. Pero antes de desembarcar, lo agreste persist\u00eda: sobre el agua, trepados como cangrejos encima de las rocas, medio centenar de ind\u00edgenas moraban bajo carpas y expuestos a la corriente que podr\u00eda barrerlos sin esfuerzo. Ven\u00edan de distintas comunidades a cobrar subsidios oficiales, y acampaban varios d\u00edas mientras los recib\u00edan. Antes de irse iban a enrollar sus lonas pl\u00e1sticas; pero dejar\u00edan los palos sembrados para otros que llegar\u00edan al mismo campamento.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed la gasolina sigue mandando: en el puerto Padre C\u00edcero, a principios de abril, centenares de ind\u00edgenas hac\u00edan fila para llenar tanques pl\u00e1sticos financiados por la alcald\u00eda. El combustible viaja en camiones cisternas a bordo de barcos desde Manaos; y desembarca en Camanaos, un puerto mayor ubicado a 30 kil\u00f3metros de S\u00e3o Gabriel. La fila reptaba despacio aquella ma\u00f1ana, y muchos ind\u00edgenas dorm\u00edan hacinados en un barrac\u00f3n mientras llegaba su turno para cargar.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Alex\u00e1nder Moura*, un flaco venezolano de origen brasile\u00f1o, ve\u00eda la rebati\u00f1a junto al muelle y explicaba: \u201cUsan una parte de la gasolina para sus motores, y el resto lo venden a los mineros. De aqu\u00ed sale mucha gasolina para las minas de Brasil y de Venezuela\u201d. Es un largo vaiv\u00e9n a trav\u00e9s del r\u00edo: hacia el norte viaja el combustible, y hacia el sur el oro que extraen con \u00e9l.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Alex\u00e1nder naci\u00f3 y creci\u00f3 en Venezuela, pero sus abuelos son de aqu\u00ed, y decidi\u00f3 emigrar cuando all\u00e1 recrudeci\u00f3 la crisis. En S\u00e3o Gabriel sobrevive con una esposa y un hijo, como cientos de migrantes que enfrentan a diario la xenofobia. \u201cTenemos un chat y somos muchos, la mayor\u00eda alba\u00f1iles y caleteros (cargadores). Aqu\u00ed hay jefes que nos tratan mal, nos pagan menos que a los brasile\u00f1os. Pero entre todos nos apoyamos\u201d, dijo con la mirada fija en el r\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan el \u00faltimo censo realizado en Brasil durante el 2022, en S\u00e3o Gabriel viven m\u00e1s de 50 mil habitantes, y 48 mil son ind\u00edgenas de 23 etnias diversas: banivas, curripacos, bar\u00e9s, yanomamis y un largo etc\u00e9tera. El coraz\u00f3n comercial, unas pocas calles con tiendas que se disputan la clientela una junto a la otra, prospera en la parte alta; y no se ven locales donde vendan oro, pues la ciudad es solo un lugar de paso hacia el enorme mercado brasile\u00f1o. Abajo, sobre la orilla, una fila de casas y establecimientos mira hacia una playa vac\u00eda. Es el lugar m\u00e1s atractivo de la ciudad, pero no recibe mayor atenci\u00f3n. Al frente, ancho y proceloso, el r\u00edo Negro se alborota entre cascadas que nombran a este puerto: las cachoeiras.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El resto del \u00e1rea urbana y m\u00e1s all\u00e1 pertenece a la jurisdicci\u00f3n militar. Casi toda S\u00e3o Gabriel est\u00e1 bajo su control y los soldados abundan en los caf\u00e9s, en las panader\u00edas, en los hoteles. El predominio viene desde la dictadura que vivi\u00f3 el pa\u00eds desde 1964 hasta 1985, cuando en 1968 esta zona fronteriza fue declarada \u00e1rea de seguridad nacional. A\u00fan as\u00ed fluye lo il\u00edcito: la legislaci\u00f3n brasile\u00f1a proh\u00edbe explotar oro en \u00e1reas ind\u00edgenas o reservas naturales, pero la ciudad es un eslab\u00f3n clave en el tr\u00e1fico. En 2023 un juez del municipio le <a href=\"https:\/\/www.tjam.jus.br\/index.php\/menu\/sala-de-imprensa\/9110-juizo-de-sao-gabriel-da-cachoeira-pede-ao-ministerio-da-justica-a-instalacao-de-uma-delegacia-da-policia-federal-no-municipio\">pidi\u00f3<\/a> al Ministerio de Justicia abrir con urgencia una comisar\u00eda de la Polic\u00eda Federal. Seg\u00fan dijo, la ubicaci\u00f3n de la ciudad en el corredor que viene de Colombia y Venezuela la vuelve estrat\u00e9gica para el trasiego ilegal. Por aqu\u00ed entra el oro que viaja hasta <a href=\"https:\/\/sumauma.com\/es\/pe-no-barranco-cabeca-na-faria-lima-como-itaituba-se-tornou-a-capital-da-lavagem-do-ouro\/\">Itaituba<\/a>, donde el metal de origen ilegal entra a la econom\u00eda en torrente.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e3o Gabriel es un escampadero: una playa donde se refugian los migrantes desfavorecidos antes de buscarse la vida tierra adentro. La venta de gasolina y la econom\u00eda informal, que prospera en ventorrillos sobre los andenes, apenas disimulan la precariedad, y debe ser com\u00fan la desesperanza cuando los <a href=\"https:\/\/apublica.org\/2015\/05\/sao-gabriel-e-seus-demonios\/\">suicidios<\/a> entre los j\u00f3venes ind\u00edgenas se han convertido en un problema de salud p\u00fablica. Otro v\u00ednculo que conecta a este lugar con San Carlos de R\u00edo Negro.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En un recorrido por la ciudad, Alex\u00e1nder, el alba\u00f1il venezolano, cont\u00f3 que la agricultura tambi\u00e9n ha deca\u00eddo en los cuatro a\u00f1os que lleva aqu\u00ed. Las etnias locales reciben los subsidios y completan sus ingresos con el negocio de la gasolina. Aunque la mayor\u00eda no participa en el comercio del oro, s\u00ed pellizcan la torta y subsisten con esa migaja. \u201cYa no cazan, no siembran, no pescan. Con esa plata compran carne y pollo que viene de Manaos\u201d, dijo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, en el puerto de Camanaos, varios venezolanos y brasile\u00f1os sudorosos descargaban barcos llenos de materiales tra\u00eddos desde esa ciudad, donde el Negro y el Amazonas se juntan. En varios de esos cascos la Polic\u00eda Federal de Brasil <a href=\"https:\/\/www.gov.br\/pf\/pt-br\/assuntos\/noticias\/2025\/03\/pf-desarticula-grupo-miliciano-envolvido-com-a-comercializacao-de-ouro-ilegal-no-amazonas\">ha decomisado<\/a> cargamentos de oro ilegal que llegar\u00e1n por el r\u00edo Tapaj\u00f3s hasta Itaituba.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Un par de d\u00edas antes, durante el viaje hacia S\u00e3o Gabriel, la voladora zigzagueaba por el r\u00edo Negro en busca de zonas m\u00e1s profundas, as\u00ed se alarg\u00f3 el recorrido y el sol de la tarde empez\u00f3 a caer por el occidente. Las nubes se arremolinaron y los rayos amenazaban con lamparazos repentinos. Cirilo, un ind\u00edgena con la cara arrugada, aminor\u00f3 la marcha y puso la proa hacia una playa donde el casco encall\u00f3 con el motor apagado. \u201cEst\u00e1 fea esa tormenta, muy peligroso seguir as\u00ed. Yo he visto lanchas que se voltean llenitas de gente\u201d, dijo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Cirilo trep\u00f3 una ladera y camin\u00f3 entre las casas de una comunidad que parec\u00eda abandonada. Grit\u00f3 varias veces, pero nadie respondi\u00f3: los ind\u00edgenas que habitaban esas chozas huyeron qui\u00e9n sabe cu\u00e1ndo y ad\u00f3nde. \u201cAqu\u00ed dormimos. Apenas amanezca, nos vamos\u201d, dijo Cirilo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Renny, su yerno y ayudante, otro ind\u00edgena a quien todos llaman Peque\u00f1o, arm\u00f3 un cambuche en la lancha y descolg\u00f3 varias lonas para proteger el espacio donde ambos pasar\u00edan la noche. Despu\u00e9s nos sentamos en la playa para hablar de su oficio anterior, apenas iluminados por los rel\u00e1mpagos. \u201cAhora estamos llevando mercanc\u00eda a las minas, y nos pagan con oro; pero yo empec\u00e9 como caletero: cargando gasolina, v\u00edveres. Despu\u00e9s trabaj\u00e9 en varias minas de tierra, y lo m\u00e1ximo que saqu\u00e9 fueron 39 gramitos. Ah\u00ed me cans\u00e9 y aprend\u00ed a bucear. Estuve en Cunucunuma y en otras. Ah\u00ed s\u00ed sacaba 70, 80 gramos. All\u00e1 abajo uno se excita y se queda pegado\u201d, acot\u00f3 complacido. \u201cYo me salv\u00e9 de varias piedras grandes. En la oscuridad del r\u00edo no se ve, por m\u00e1s que uno lleva linterna. Varios compa\u00f1eros salieron muertos. Los amarraban en el fondo y los sacaban con gr\u00faa, chorreando agua. Hasta ah\u00ed llegaban\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Peque\u00f1o miraba el tr\u00e1nsito apaciguado del r\u00edo y reflexionaba sobre su funci\u00f3n como proveedor y veh\u00edculo de una riqueza incalculable. \u201cEl oro viaja por el r\u00edo pa\u2019 los dos lados: pa\u2019 In\u00edrida y pa\u2019 Brasil. Igualito que el mercurio, que lo llevan escondido pa\u2019 evitar a la ley\u201d. Peque\u00f1o dijo que en su breve temporada como minero le cogi\u00f3 miedo al ambiente violento de las minas y por eso dej\u00f3 el oficio. Sentado en la orilla record\u00f3 peleas que se resolvieron a machetazos y muertos an\u00f3nimos que fueron sepultados en alg\u00fan lugar de la selva. Hombres que dejaron sus pueblos y sus familias para jugarse la vida en busca de una prometedora y elusiva veta dorada. \u201cTodo por el oro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">*Algunos nombres de esta historia fueron cambiados por seguridad de las fuentes.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> A lo largo del r\u00edo Negro, la arteria que conecta a Colombia, Venezuela y Brasil en la Amazon\u00eda, numerosos pueblos ind\u00edgenas y distintas comunidades ribere\u00f1as sobreviven entre la miner\u00eda ilegal y los grupos armados, dos poderes de facto que dominan ese eje con el peso de un metal innoble: el plomo.<\/p>\n","protected":false},"author":46,"featured_media":6769,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","footnotes":""},"categories":[50],"tags":[59,253,239,252,237,255,241,132,256,254,238],"editorial":[],"coauthors":[268],"class_list":["post-6460","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cronica-es","tag-amazon-underworld-es","tag-brasil","tag-colombia","tag-eln","tag-farc","tag-grupos-armados","tag-orinoco","tag-periodismo","tag-sinar-alvarado","tag-trifrontera","tag-venezuela"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.2 - 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